La masificación de este arte se produjo a mediados del siglo XIV, al ser introducido en Japón por los monjes budistas zen, hasta su apogeo durante el período Muromachi (1338 -1573).
Los monjes veían en este tipo de pintura una forma meditativa de contemplación, desde la preparación de la tinta (Sumi) disuelta con gran cuidado en la roca (Suzuri), pasando por el vacío al enfrentar el papel (Kami) y trazar una imagen con el pincel (Fude). Estos elementos se consideran los 4 tesoros, con ellos podemos desarrollar el arte.
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